Amor y lujo.

No recuerdo en años, una gala más divertida en ningún reality que la de anoche. Las del GH normal, que tanto gustan a los meapilas enamorados de esa pureza que tanto les hace vibrar en la telemierda, suelen ser un puñetero coñazo. Las del VIP aunque mucho mejores, al final terminan teniendo bajones (algo normal en cuatro horas). Y las de SV aun siendo casi las más divertidas en sus dos primeros tercios, suelen sufrir un bajón enorme en su parte final, que termina por dormirme.

Pero la gloriosa gala mostrenca de Pasaporte de ayer noche no me durmió, no, si no todo lo contrario. Es más, terminó a eso de la una y media pasada, tras tres horas abundantes y yo desde mi casa aun pedía más, ansioso por seguir rebozado en caos inmenso lleno de entes mongólicos, aviones que surcan los cielos tocando los cojones a full, tetas sobrehumanas, pruebas de más de media ahora que se hacen cortas y hay que concluir abruptamente por falta de medios, reglas que se inventan sobre la marcha, madres que hablan de despanzurrar gatos para comérselos (imagino las caras de los subnormales que tanto critican el Vaya Fauna), piradas de libro con perfume sobaquero, chonis que se creen que lo están petando en la pasarela de Milán, maricas malas que no saben ni cual es el nombre real de Madonna, una vedette momificada con la mala hostia a punto de estallar en todo momento, la espía tailandesa que se folló a Rappel (sic) y una expulsión de alguien que hacía ya casi una semana que no estaba en el concurso, que sin duda ha sido lo más genial que he visto en televisión desde que en el inolvidable Campamento de Verano se les ocurrió repetir la final a la semana siguiente de haberla hecho, porque tenían que rellenar la parrilla con una gala y no sabían con qué coño rellenarla y desde que la gran Elisa Beristain (te amamos, te adoramos, te santificamos), llegó corriendo a las oficinas de su paciente esposo, gritando aquello de “¡Pepe, esa vieja me jaló el chongo!”

Con lo cual, visto lo visto y siendo conscientes de que el grado de imbecilidad del público purista habitual de los reallities sólo es comparable en su extrema imbecilidad unineuronal, al de los simpatizantes/votantes de Podemos, no me extraña que este delicioso festín sólo lo sepamos disfrutar cuatro y que incluso a muchos meapilas les ofenda que la cadena se preste a emitir “semejante tontería”.

Gracias a dios, en Agosto la publi no paga un puto duro con lo cual espero que no sólo no nos quiten semejante delicia, si no que a ser posible (oh Paolo), nos doblen la dosis semanal para poder disfrutar como gorrinos dos veces en vez de una.

Y que siga entrando gente y que no saquen a nadie más, coño.

Que total les salen tiraos de precio, que ni de comer les dan siquiera.

Chuck Norris

El caserío y la vaca que ríe.

Buenas.

Si no habéis visto el resumen de ayer, ya estáis tardando, payasos. Porque ha sido lo puto mejor de lo que llevamos de verano.

Mítica Mari Carmen, fantaseando con despanzurrar al gato para zampárselo, relamiéndose ya de gusto (cruzificadla los meapilas a los que tanto os ofende el Vaya Fauna, venga). Mítica ella ensayando para la prueba de la apnea, metiendo la cabeza en la piscina y aguantando medio segundo. Mítica MJ (no la del Parker, matizo), en los confes, sin que la otra la deje hablar, ni intención de dejarla jamás de los jamases. Mítica la misma MJ, dando por saco a todo dios bien tempranito, para darle de beber al puto gallo que “tiene mucha sed, que se lo noto” (todos los entrecomillados son “traducciones”).

Míticas ellas dos, escuchando al Reyes y sus planes para ser padre en vientre ajeno y mítica una vez más la madre de “Mifran”, echándole al otro agua en las “patillas” por no saltarle al cuello y explicarle aquello de “una pera es una pera y una manzana es una manzana”, mientras le deja bien claro que no está de dios que los “mariquillas” tengan hijos.

Mítica también por cierto, la Souza (o Sousa o como hostias se diga, que me la pela), en su speech a cámara en el confe, una vez que su compañera ha abandonado (“no queda bien esto de que me siento bien ¿no?”). Mítica por descontado, Yasmina en todo su chonismo imposible de disimular cada vez que abre la boca, por mucho que se siga viendo a sí misma como aquella ante la cual Doña Leti, parecería sin duda una choni desbocada. Y mítica por supuesto y a la espera de que incluso llegue a superar lo “mítico” (como concepto), Jenny Llada, en toda su maldad de momia sacada del sarcófago para la ocasión.

¿Y aun tenemos que esperar hasta domingo para ver la siguiente gala de esta puta maravilla?

¿Y aun tenemos que consentir que no haya por lo menos dos galas semanales de esta joya indefinible que me ha alegrado el verano por completo?

Guatafilin.

Porque empecé odiándote, aun siendo perfectamente consciente de que terminaría de tu bando. Porque no queda otra que rendirse a lo evidente. Porque eres la puta ama y porque nunca nadie en ningún otro reality que se haya hecho jamás en este país, se ha comido cada segundo de esa puñetera “otra vida”, dejándose la piel sin pensar en las consecuencias y sin dejar de ser la que siempre has sido y la que ojalá nunca dejes de ser.

Porque durante semanas me has sacado de la mierda, arrancándome una sonrisa incluso hasta en esos momentos cabrones llenos de oscuridad en los que lo único que me apetecía era llorar y olvidarme del mundo. Porque te escuchaba de fondo y sin darme casi ni cuenta, se me escapaba una carcajada con tus cosas, con tus tics, con eso tan grande y que tanto he aprendido a adorar de “Qué largo se hace esto, tía”, que llevas repitiendo casi como un mantra, con cara de asco desde la puta primera semana. Porque es que hasta con cara de asco y de aburrimiento máximo me has hecho reír y mucho, cabrona. Casi como si no hubiera mañana. A carcajadas y sin pensar en nada más durante unos instantes. Porque tú has sido mi puñetera anestesia, mi alegría diaria, mi tabla de salvación, mi risa y mi puto oxígeno, Belén Esteban Menéndez, hija de Francisco y Mari Carmen, madre de “Miandrea”, Reina de San Blas, Emperatriz de Paracuellos, Princesa del Pueblo y estrella absoluta (y sin rival alguno), de la televisión de este puñetero país desde hace casi quince años.

Porque tú eres la risa, la diversión, el espectáculo, el culebrón, la telenovela, el barrio, la calle, lo real, la verdad. El corazón que se abre y se muestra sin disfraces, en carne viva y en canal. La bondad franca de quien tiene el alma hecha de algodón de azúcar a pesar de las corazas. La generosidad espontánea y sin dobleces de quien en el fondo no se siente bien cuando el de enfrente rompe a llorar de verdad, aunque sea su enemigo. La mala hostia que explota y se diluye en segundos, la carcajada incontrolada, el brillo en los ojos, la picardía del niño que busca la trampa esperando que no lo pillen. El azúcar y la insulina como compañeros de vida y las patatas fritas siempre para cenar. La niña que nunca has dejado de ser y la madre que quisieras ser sin haberte dado cuenta de que ya lo eres. Una buena madre porque, más allá de las caídas, siempre por encima de cualquier otras historia, queda el amor que casi todo lo puede. Porque tú amas, Belén Esteban. A los tuyos, a tu gente, sin necesidad de buscarte excusas o pensar en que ese amor pueda o deba tener alguna medida.
Porque tú no tienes medida, reina. Ni la has tenido casi nunca, ni puñetera falta que te hace tenerla.

Porque muy por encima de todas las pajas mentales que unos y otros podamos dedicarte en palabras absurdas, tratando de analizar o encontrar las claves de ese supuesto misterio que para algunos aun a día de hoy supone tu éxito, al final, lo único que queda más allá de nuestra ridícula parafernalia de junta líneas de cuarta, es que hay cosas que ni se pueden definir, ni mucho menos explicar, ni por supuesto entender si no te sale de los cojones entenderlas. Y el brillo, la magia, el “don” o como cojones queramos llamarlo, no hace falta explicarlo cuando se siente y de nada sirve intentar definirlo si no se ha sentido en la puta vida.

Y tú tienes el “don”, Princesa del Pueblo. El don de la risa, el don de la alegría. El don de la vida.

Y te juro que todas las risas que me has arrancado en esos momentos tan jodidos, no te las podré llegar a pagar jamás ni aunque viviese diez mil vidas.

Así que tendré que conformarme con darte las gracias y brindar a tu salud esta noche, con una copa llena de risas y de lágrimas, mientras te veo envuelta en sollozos, celebrando y festejando tu victoria, mientras a mi se me rompe la garganta en un nudo gritando aquello de “ARRRRIBAAAAAA LA ESTEBAN!!!!”

Y espero que te pongan la canción de Flashdance (el “guatafilin”) y que te sientas tan feliz que no puedas ni dejar de reír y llorar hasta que la noche se haga de día.

guatafilei

VIP.

A veces no está de más pararse cinco minutos, mirar hacia atrás (sin ira) y reflexionar un poco sobre el pasado, en este caso reciente. Más que nada por aquello de aprender de la experiencia de los errores cometidos, fundamentalmente para evitar volver a caer en otros tremendamente parecidos.

Y me explico ya, sin más preámbulos. Que tampoco merece la pena perderse en pajas mentales y adornos sin sentido.

En GH15, estoy convencido de que las primas perdieron el maletín porque muchos de sus fans (muchísimos), no quisieron gastarse ni un puñetero euro para echar a Paula en la única nominación en la que ella estuvo en serio peligro (real) de irse a su puñetera casa. Hablo, obviamente, de aquél cara a cara decisivo que libraron ella y Omar, que al fin y a la postre, resultó ser la única noche en la que Paula pudo perder aquél Gran Hermano, porque como pudimos comprobar dolorosamente unas cuantas semanas más tarde, en la final jamás ninguno tuvimos opción alguna de derrotarla.

Por otro lado y añadido a lo anterior, también estoy seguro de que Omar, que para nada daba el perfil de ganador de este concurso, jamás se hubiese llevado el maletín. Con lo cual mi teoría (opinión personal, claro, huelga decirlo), siempre ha sido que, a falta de Paula, los 300 mil se los hubiesen disputado mano a mano Ale y MiYoli, quedando muy probablemente incluso, una primera y la otra segunda (en mi caso mejor al revés, claro).

Pues bien, dicho esto, yo particularmente estoy convencido de que si esta noche Belén Esteban resulta finalmente expulsada (y casi todo apunta a que así será), Ylenia no sólo perderá un GHVIP en el que ahora mismo parece tremendamente bien posicionada, si no que incluso y casi con toda seguridad se irá a la puñetera calle dentro de siete días.

Y aunque parezca una puñetera sandez o de la sensación de que sólo estoy intentando un último truco desesperado para que alguna fan de Ylenia termine rascándose el bolsillo y arrimando el hombro, juro que estoy completamente convencido de lo que estoy diciendo y que sinceramente no pienso que mi reflexión sea una sandez surgida de la nada. Y es que si Belén se va esta noche, seguramente muchos nos iremos con ella (al menos en lo que a votar se refiere, que lo de dejar de ver el 24, por cansino y aburrido que vaya a ser, es casi un imposible por aquello de agarrarse a algo que sirva de anestesia). Y el resultado no sólo será que las fans de Ylenia (y ella misma), se queden solas frente al mundo, El problema aun más importante será que esa especie de parapeto que ha sido Belén (atrayendo y concentrando los focos y los odios en su persona), habrá desaparecido. Y ya nada podrá evitar que el único punto de interés de esa casa anodina, privada de la estrella sobre la que ha girado todo este maravilloso espectáculo que ha sido hasta ahora el mejor GH de la historia, sea la rubia de Gandia Shore. Y cuando me refiero a “interés”, en realidad estoy hablando sobre todo de “odio”. Porque todo el odio que hasta ahora se llevaba enterito para ella la Esteban, en el momento en el que ella no esté, se redirigirá casi al instante, para cebarse con la otra.

Porque la masa, siempre necesita a alguien a quien odiar para sentirse menos mierda.

Así que, si alguien está de acuerdo con mi teoría y piensa que algo de razón puedo llevar, que sepa que también estoy convencido de que aun estamos a tiempo.

Porque creo que aun tenemos opciones de que Belén duerma esta noche en Guadalix. Sobre todo si votamos cuanto antes mejor y obligamos a la productora a tener preparado un plan B que evite que tengan que cerrar teléfonos cagando leches si la distancia se redujese al mínimo (en el hipotético caso de que sólo llevasen un guión preparado, dando por segura la marcha de la Esteban, cosa que, aclaro y juro, ignoro por completo). Porque estoy convencido que aun tenemos opciones de irnos esta noche a dormir con una sonrisa de felicidad absoluta en el rostro, después de llevar una semana entera convencidos de que lo teníamos todo perdido. Porque me resisto a pensar que la magia y el espectáculo absoluto que es la de San Blas (para mí siempre será la de allí, por mucho Paracuellos y mucha polla), se me va a esfumar esta madrugada entre los dedos.

Porque no me entra en la cabeza que siempre siempre siempre tenga que ganar esa masa vociferante de anormales que se corre año tras año encendiendo hogueras y pidiendo justicia, mientras semana a semana va convirtiendo MI programa en un jardín de infancia para entes unineuronales.

Porque no me sale de los cojones. Y como particularmente ni aprendo ni aprenderé en la vida de muchas de las historias del pasado (consejos vendo), yo pienso seguir votando mientras me quede una mínima esperanza.

Y en este caso creo que la esperanza no debe ser tan mínima.

Es más, si conseguimos con nuestro esfuerzo que los teléfonos no se cierren nada más empezar la noche, tengo la intuición de que el público de las galas podría hacer el resto.

PREGUNTO

Víctor (Never can say goodbye, boy).

Porque hasta el rabo todo es toro. Porque no siempre van a ganar los malos o los aburridos o los amargados o los necios. Porque me niego a perderlo aún y porque ahora mismo, ni yo concibo el otro lado de la pantalla sin él, ni Guadalix imagina lo doloroso y triste que sería perderlo. Porque me niego a que me den el regalo de mi vida, para que me lo arrebaten después a las pocas semanas, arrojándome nuevamente a esas lugar sombrío donde hace mucho que no existe la risa y en el que cualquier palabra puede ser utilizada en tu contra por el rebaño para condenarte a la hoguera.

Porque yo ni siquiera sabía que existía Fendi hasta que él me lo descubrió. Porque ni recordaba Un cadáver a los postres hasta que el me lo recordó. Porque me encanta cuando dice “espaaaaidaaaaaa”. Porque me descojono cuando por enésima vez habla de miembros apuntados y ataques a traición de arañas asesinas. Porque es casi tan cerdo como yo y como yo siempre piensa en algo cerdo y siempre le encuentra un doble sentido a todo, como me pasa a mí, que hasta cada vez que leo pastel en inglés pienso en la cara de una tía chorreando de leche.

Porque odia al puto negro de mierda casi tanto como yo (casi). Porque aborrece a la penca de Ares, porque no se fía de Charini. Porque se pasa el puto día entero rajando, desde que se despierta hasta que se duerme (que es incluso un tiempo “mayor” que “desde que se levanta hasta que se acuesta”). Porque no puede vivir sin murmurar, chismorrear y meter mierda y porque encima, estoy seguro, a veces ni siquiera es ni consciente de que lo está haciendo porque, como le sucedía al escorpión en la fábula, uno no puede nunca dejar de ser lo que es, aunque se termine ahogando por serlo.

Porque es marica y no gay. Porque es mala y porque es perra. Porque es genial y excesiva y tierna y puta y pirada y loca y obsesiva e hipocondriaca, genial, brillante y puta enferma de la cabeza y hasta del coño. Y porque jamás en esa casa se habló de Waters y de Divine hasta que llegó él. Y porque sólo un puto divo/diva es capaz de tener un gato aun más gordo que Garfield, llamarlo Golum y chillar desesperado diciendo que está poco menos que en los huesos porque su “papi” no le da de comer.

Y porque no tiene ni puta idea de qué cojones es “la heskoria”, ni putísima falta que le hace. Y porque es lo puto mejor que ha pasado por ningún reallity de los que se hayan hecho jamás en este país. Y porque estoy casi seguro de que se inventó la muerte de Casper, al que tuneó en su Nou en una especie de Plan de Protección de testigos que para sí quisiese el gobierno norteamericano.

Y porque hace falta ser muy amargado de la vida para querer echarle de Gran Hermano. Y porque hace falta ser un puto saco de mierda triste para pedir su cabeza. Y porque hace falta ser un completo gilipollas y un perfecto imbécil para querer privarnos a los demás de este puñetero espectáculo deslumbrante, mágico, irrepetible e inmenso…

Por eso, por todo esto y por lo otro y por todo lo que me he haya podido dejar olvidado en el tintero, es por lo que hasta que dé la puta hora en la que Jordi diga que se acaban de cerrar los teléfonos, pienso seguir votando hasta que se me funda el teléfono.

Porque este mundo no podrá ser salvado si no salvamos a la animadora.

Así nos lo ensñaron y así está escrito.
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En un mundo descomunal.

Es bastante probable que esta sea la última vez que escriba sobre Gran Hermano 15, aunque conociéndome como me conozco, cualquier cosa puede suceder mañana.

Y no es que me apetezca especialmente dedicar ni tres líneas hoy a esto, porque realmente, lo que siento en las últimas semanas es una especie de cansancio mental y físico, que me tiene sumido en un estado casi de letargo, vegetando como una planta a la que le hubiesen sacado hasta la última gota de agua. Y eso que yo, a diferencia de mi chica, que es la que ha llevado absolutamente todo el peso de este último mes (y que sinceramente no se ni cómo lo ha aguantado), yo me he limitado casi a ser un espectador perezoso, atenazado por momentos por un creciente compleo de inutilidad absoluta.

Pero por suerte esto ya termina. Y digo por suerte, por ella sobre todo, porque yo particularmente lo voy a echar mucho de menos (sólo durante unas cuantas semanas, claro; mismamente hasta que empiece el GH VIP), más aun después de haber disfrutado como un gorrino en la última semana con un 24 maravilloso, infinitamente mejor en estos últimos días que en casi todo el último mes.

Pero la cuestión es que, pajas mentales introductorias a parte, lo que realmente pretendía contar en esta perezosa entrada, es a que prefiero escribir ahora estas últimas líneas, desconociendo por completo como va a terminar esto (a veces siento que perdemos por goleada y otras que vamos a ganar al final), porque cada vez tengo más claro que el resultado, quien gane y quien pierda, hace tiempo que ha pasado para mí a ser algo secundario (relativamente, claro, porque sigo deseando a muerte que gane Ale, entre otras cosas porque hace ya dos semanas que se que mi Yoli no puede hacerlo, por decisión “familiar”), sobre todo desde que opté por aislarme no sólo del ruido exterior (twitter), si no también del “interior” (mi propia casa); porque, sobre todo, cuanto más viejo me hago, más consciente soy de lo poco que me preocupa el destino final y que de lo que realmente disfruto sobre todas las cosas, es el viaje.

Y este viaje, sin duda alguna, ha sido realmente cojonudo. No se si ahora mismo podría decir que el mejor de todos, pero seguramente uno de los tres mejores que he vivido en estos mundos llenos de personas sin rostro a los que un día adoras (cuando coinciden contigo en favoritos), para aborrecer al siguiente en cuerpo y alma, cuando atacan a aquél que tú defiendes.

Pero claro, el “problema” es que, si realmente lo pienso, a esta historia fascinante (en la que hasta me he sorprendido varias veces llorando a lágrima viva en los últimos días, con la sensibilidad demasiado a flor de piel por culpa de una chiquilla rubia que desde hace días no tiene la más mínima opción de llevarse el triunfo), le falta aun un último trecho (jodido y apasionante), que concluirá para mi minutos antes de que Mercedes abra el sobre y pronuncie el nombre de la ganadora.

Y es en este último trecho, lleno de dudas y de pensamientos contrapuestos que te llevan arriba y abajo en segundos, en una noria continua en la que lo que ahora es luz, se convierte por culpa de la incertidumbre en la más absoluta oscuridad (y al revés), en el que sí que merece la pena, más que nunca, aferrarse fuerte a ese sueño de victoria y dejarse hasta la última gota de sangre en la tierra, peleando sin desfallecer hasta que ya no nos quede absolutamente nada dentro.

Porque esta vez sí que realmente, no habrá mañana.

Y porque lo que verdaderamente resultaría triste, no sería tanto encontrarnos con la derrota al final del recorrido (después de todo, muchas veces siento que esto será casi un cara o cruz) y morir en la orilla, si no más bien hacerlo, lamentándonos después por habernos dejado llevar en el último instante, después de llevar semanas nadando contracorriente, plantándoles cara a los “poderosos”, dejándonos la piel y el alma en busca de ese sueño que tantas veces nos dijeron que era imposible y que seguramente siempre lo fue, desde el minuto uno, porque las cartas estaban marcadas desde el primer momento.

Pero precisamente por eso, porque todo ha estado siempre en nuestra contra, porque seguramente no hemos sido nunca nada más que pígmeos luchando contra gigantes, David frente a Goliat, ilusos tratando de derrotar con tirachinas a la maquinaria pesada de una productora cuyos responsables siguen a día de hoy descojonándose de nosotros en nuestra puta cara, preparando la fiestecita de los cojones en homenaje a su queridísima niña de mierda… es por todo esto que si mañana a medianoche, cuando todo concluya, podemos levantar el puño con rabia y gritarle al cielo que ésta, la que nunca pudimos ganar, la que era imposible, la que nunca fue más que una puta quimera, ésta que jamás pudo ser, si al final resulta que sí que la hemos ganado…entonces sí que todo va a sabernos a puta gloria bendita y entonces sí que nuestras carcajadas van a retumbar hasta en el mismísimo infierno.

Así que todavía nos quedan más de 24 horas para hacerlo posible.

Con lo cual, dejad ya de leer esta puta mierda, moved el puto culo y poneros a votar y a recargar como si os fuera la vida en ello.

todoamimanchega@outlook.com

Ellas